(prólogo a cargo de Carlos Salem)
Decir lo que ya está dicho, lo que no haría falta decir
entre dos y por eso es indispensable decirlo otra vez, de otro modo, siempre
nuevo. La deliciosa estupidez de los amantes les (nos) lleva a creer que son
(somos) los primeros en la Historia en andar masticando mariposas. Ese mensaje,
antiguo como el deseo, demanda un lenguaje universal para explicar lo que es
particular en cada caso. Un esperanto económico en recursos porque derrocha
sentimientos. Un morse del amor, hecho de puntos y rayas que no se borren con
las dudas cotidianas. Eso intenta y consigue Marcelo Luján con este libro de breves
piezas que vertebran un gran amor, uno de esos que hasta los cínicos diplomados
envidiamos.