Se apagaba el verano de 1979 cuando Ian Curtis escribió «Love Will Tear Us Apart», una de las canciones míticas del punk británico. Sus biógrafos aseguran que en el corazón de esa letra ―como en el concepto marxista de capitalismo― descansaba el germen de su propia destrucción. Curtis estaba casado pero se había enamorado de una groupie belga ―y ella, por supuesto, de él― y entonces todos los engranajes de la desgracia comenzaron a girar.
Love Will Tear Us Apart, pensó Curtis en agosto o septiembre de 1979. Tenía veintitrés años y aunque joven y talentoso y bañado de éxito ese sería, a la postre, su último verano. Podríamos creer que, de alguna manera, murió enamorado; es decir desgastado, es decir consumido por la maravillosa y asfixiante fuerza del amor.