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Sí. Y qué suerte. Para ti y para la Semana Negra. Que estés presente en esta nueva edición. Que estés hoy en el Tren, dentro de un rato en Gijón, mañana y pasado y tantos días. Qué buena noticia que hayas venido, qué bueno que estemos, que sea una realidad. Te lo digo a ti y me lo digo a mí mismo, mientras tú lees estas líneas y yo pienso en que las estás leyendo. Y pienso, además, en que hay que ser un poco mago para poder montar, cada vez con menos dinero, cada vez con más pasión, semejante festival. Magas y magos lo hacen posible cada verano, trabajando desde el invierno, con fuerza, ilusión y por qué no con la siempre inquebrantable varita mágica del romanticismo. Esto viene ocurriendo desde hace veinticinco años. Qué barbaridad: aturde calcular las horas que hay que echar para llevar a cabo veinticinco semanas negras. Qué suerte tienes, qué suerte tengo, qué suerte tenemos.