10 noviembre 2009
Medicinas
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Fumaba sentado aquel muchacho de armas tomar. Peleaba junto a un escuadrón de insectos acostumbrados a la derrota: al cero-uno en tiempo de descuento, al minuto fatal que noquea y sobra y obliga. Juntos recuperaban durante día todo lo que incondicionalmente perdían durante la noche. Cruel la noche. Cruel y perfumada en el cuadrilátero de una isla. No había pócima salvadora. No había mejunje de esos que redimen o calman. No había casi nada. Un poco de hambre y un mucho de niebla. Y un muchísimo de incertidumbre: de no saber qué mal traería la oscuridad de las horas. Y fumaba escondido, el muchacho. Después de cada batalla: a pie de cerro o a orilla de mar. Con el caer y el tronar de una bomba. Con el resplandor. Con el eco del último grito. Con todo eso y los insectos y los zumbidos. En su cajita de lata dormían las píldoras del sueño eterno. La varicela de los nueve años. El retrato de una novia. Quiso olvidar y no pudo. Quiso regresar y no pudo. Quiso abstenerse: rodar volar fumar cantar. Viajar. Y no pudo. Escuadrón de insectos sumergidos en la derrota. Caja maravillosa repleta de píldoras esclarecedoras. Dónde sería posible encontrar el túnel. El hueco, la salida. Dónde va a parar la memoria cuando la noche se hace madrugada. Cuando el perfume y la pólvora. Cuando la sonrisa de una mujer se queda tan pegada al celuloide. Dónde queda el ministerio de defensa. Cuál es la receta para mantener la calma durante el interminable invierno. Fumaba dentro de la cueva, el muchacho. Ausente el remedio, pegajosa la culpa. Mar y cerro recortándose mutuamente. Fumaba y pensaba. Aquel ceniciento de armas tomar. Junto a los insectos. Rodeado de ellos. Sin túnel ni hueco ni salida. Sentado y sabiendo que iba a morir.

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extraído de
Arder en el invierno
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29 octubre 2009
Historias terribles
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Un nudo en la garganta. Quince cuentos canallas
José Ángel Barrueco, Marcial Fernández, Ignacio Ferrando, David González, Paula Izquierdo, Mónica Lavín, Luis Felipe Lomelí, Marcelo Luján, Carlos Martín Briceño, Leonardo Oyola, Guillermo Roz, Carlos Salem, Gonzalo Torrente Malvido, Carlos Vadillo Buenfil, Alejandra Zina.
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Una antología de TRAMA EDITORIAL
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jueves 5 de noviembre - 20:30hs - Librería Tres rosas amarillas.
14:46   1 comentarios
19 octubre 2009
Lienzos
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Tuvo que explicarle lo difícil que era. Acercarse a ella: apabullarla con instrucciones de corte y confección. Mirarle las marcas, el cuerpo. Los contornos del cuerpo. De vez en cuando los vértices y, en última instancia, el rictus de su planicie larga e inexpresiva. Tijeretazo veloz. Fuerza de voluntad acurrucada contra la almohada. Sol de medianoche. Sol. Pinceles que se mueven como dedos. La página en blanco delata. Ahuyenta. Criba. Rompe. Rasga. Tuvo que explicarle lo difícil que era plasmar una figura tan hermosa: detectarla al voleo y meterla en un frasco. Cerrar el frasco. Atraparla. El imposible blanco es su verdadera cárcel: el origen y el desamparo pero la única salvación. De vez en cuando los vértices. Los contornos del tijeretazo. Un pronombre bien colocado y cierto adjetivo. Gota de firulete derramando prosperidad. Coma u otro nexo coordinante. Suspiro voluntarioso. Tuvo que acercarse a ella y susurrarle muy despacio para que no lo delatara. Tuvo que mimarla entre los renglones: usar las mejores acuarelas. Los mejores tonos. Las mejores letras. Muere el imposible blanco. Va muriendo según se suceden las puntuaciones. Los parates. Los descansillos antes de continuar. Sopla la oración triunfal un murmullo de despedida: inquieta y prudente. Sopla el último párrafo sobre la gloria del maniatado. Soplan sus pinceles ganadores. Ventilados contornos del alfabeto bien usado.

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extraído de
Arder en el invierno
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00:07   2 comentarios
15 octubre 2009
Mesa redonda
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15:24   0 comentarios
08 septiembre 2009
Fragmentos
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(...) "Fangio me había mandado a vigilar a una profesora gorda y tetona cuyo marido inquieto juraba y perjuraba que ella lo estaba engañando con un alumno de gafas. Las infidelidades, en potencia o en acto, repudiadas o consentidas, son moneda corriente en la agencia para la que trabajo. También son moneda corriente en este mundo nuestro tan desmejorado o desvergonzado y poco serio. Aunque sólo podamos ver lo que otros sueltan por casualidad y en el momento menos pensado, lo que se les cae casi de sus bocas, una noticia mal vista en el telediario, un comentario escuchado sin querer, en el metro o en la parada de autobuses o en el supermercado o mientras tomás un café en cualquier cafetería o barra o sala de espera, por la noche pero también por la mañana o durante el día, lo que Fangio me exige siempre que vea o intuya y hasta imagine cuando los ojos no alcanzan a esclarecer nada. Andá, Nene, me dice con sus modales carreros, chispeame a este pardillo, a este paquete, a esta gualdrapa y a la zorra de su amiga, a este par de cafres buenos para nada, a esta panda de garrulos, de drogatas, a la pendeja viciosa que éste y éste otro se van a terminar enfiestando si no le paramos el carro antes. O tomá, date una vueltita silenciosa por esta dirección, por esta galería, por este negocio, por esta sala, quedate esperando en esta mesa o en esta esquina o en este semáforo o cruzá y seguilo, sí, seguilo a morir, vaya donde vaya y haga lo que haga vos seguilo como si fueras no un perro sino su perro, su puñetera sombra, seguilo hasta que se meta en el hostal, en el hotel, en la pensión, en el portal o en la concha de su madre, si es que tiene y no lo abandonó de chico en la placita de Tellier. Eso, me dice, no lo abandonés ni muerto porque es la última oportunidad que tenemos, Nene. Pero hacelo con carpa, eh: nadie puede enterarse de tus movimientos. O no la pierdas de vista que esa mina sabe mucho. O que no se te piante porque ese menda es bravo y nos puede joder bien jodidos. Y anotá todo, me dice Fangio mezclando formas de acá y de allá, mezclando léxico de los dos países en que vivió, tan lunfardo a veces, tan castizo otras veces, tan maleducado y altanero siempre. Vos anotá, me dice. Anotá todo, no dejes nada: horarios de entrada y de salida, de llegada, todo, si escuchás un eructo o vos creés que están cogiendo en la penumbra o él cagando y ella desnuda boca abajo sobre la cama. Sacale fotos con el móvil o comprate una cámara descartable de ésas de dos duros porque la mía no te la presto ni en pedo. Grabá lo que dicen, me dice, palabra por palabra: los gemidos y las toses: con el móvil o, tomá, llevate este grabadorcito, las pilas te las debo, eso sí. O vas a tener que tranzar con éstos o con aquéllos para que suelten prenda o callen lo indecible. No tenés excusas porque hay gente de sobra en la calle: pordioseros y buscas y negras de coño violeta que te chistan al pasar: ¿le viste la conchita a una negra joven alguna vez?, me dice y se ríe como un hijo de puta. Hay gente de sobra, Nene, todos jugados y sin fichas. Para enterarte apalabrá a un chino de esos que venden bocadillos de madrugada, que siempre están ahí, sea invierno o verano, llueva o truene o nieve o el sol te parta el culo desde la altura, porque esos muñecos ven todo, escuchan todo, y la mayoría de las veces callan y hacen como que no vieron ni escucharon pero sí, Nene, sienten los pasos de la policía aunque estén a un kilómetro de donde ellos montaron el taburete de mierda ese que usan para exponer la comida y la bebida que niñatos y drogones o borrachos terminarán comprando para bajar el alcohol o pasar el bajón que da la merca y también los porros o el pastillaje. Decile, me dice a veces, si vio algo raro, cualquier cosa, cualquier dato o pesquisa, que te haga gestos, señas, sonidos o morisquetas o que lo intente con palabras sueltas, en castellano o en catalán o en chino mandarín. Si no habla zamarrealo bien zamarreado que no pesan un carajo, o tirale un par de ñoquis cortos. Dale, Nene, andá nomás, me dice y yo tengo que ir a hacer todo eso que me dijo y algunas cosas más que él no me dice porque lamentablemente se sobreentienden."
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fragmento extraído de La mala espera [capítulo II]. EDAF, 2009
14:03   1 comentarios
01 septiembre 2009
Kilómetros
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Claro que la hora indicada puede ser cualquiera. Madrugada y tarde o amanecer. Crepúsculo. Alba. Claro que mañana estará ella flotando por la ruta del manicomio. Claro que nadie podrá encontrarla. Su ángel le marcará los pasos y la brisa el parpadeo. Qué nadie le diga dónde está su amiga. Que nadie se atreva. Que las distancias sólo sean un cálculo erróneo. Claro que duerme la niña en la fragua lorquiana: en el vientre que crece y crece. Duerme la luna: sus senos, el estaño platinado. Claro que ve un puntito en el horizonte, una guía. Por eso avanza. Cualquier marca en el camino y cualquier sonajero. La hace avanzar. Cualquier atisbo, por mínimo que sea. La estrella alumbra el pasadizo por donde transitan las ilusiones. Hay una sombra. Una desdicha. Una ventana cuyo cristal permanece empañado. Se hace visera con la mano, rodilla en tierra: traza con la mirada el destino de su vientre. En un rincón del firmamento está la estrella rutilante. Todavía. Y en el arcén, mutilada contra las cuerdas, la carroza que espera continuar con su paseo.

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extraído de
Arder en el invierno
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11:13   1 comentarios
18 agosto 2009
Jinetes
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Pero él fue. Volvió. Otra vez: con su bandolera escorada y triste. Resuelto. Montando su alazán preferido que al galope corta campo. Pechito inflado por las ganas, muñeca tensa de voluntad y arrojo. El viento que deshoja la margarita. Venga a nosotros tu reino, pensó abrigado a las crines tan azabaches, tan preferidas. Pobre príncipe expulsado. Venga a nosotros tu peso. La culpa. También pensó en la culpa: en la mañana horrible y en la profunda despedida. Pobre príncipe de corazón inflado. Pobre el que monte a pelo en los años de luna luna. Pobre de él. Cortando el campo fue. Resuelto: a reconquistar el trofeo al que una mañana le dio la espalda. Así fue el expulsado de bandolera escorada. Imaginándola. Imaginándola boca arriba. Brillante contra la torre. Llamándolo. Pidiéndole. Instigándolo. Y fue, por supuesto. Ardiendo. Él. Querubín resuelto y percherón. Volvió a ir. Él. Para demostrarle que sí podía. Que la noche suena descalza cuando el oído mucho se esfuerza. Y él fue. Volvió: una vez más. Culpa de las culpas. Cuando ella ya no estaba.


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extraído de
Arder en el invierno
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12:28   0 comentarios
04 agosto 2009
Ídolos
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Quiso soplar. Que sople todo el viento del mundo. La ráfaga del este y también la brava del oeste. Que vendavales norteños o sureños. Todo lo arrastren. Que los males se vuelen se eleven se pierdan con la fuerza de lo que no se tiene. De lo que nunca se tuvo. Quiso. Una vez. Y armó con tal fin una galaxia. Seria. Acordonada. De aspecto estrafalario. Armó un corral inmune a las afecciones del invierno: siempre dispuestas a doblegar el humilde antibiótico. Y quiso soplar. Que sople todo el viento del universo. Que de los cuatro puntos cardinales resurjan las barbas de la santa utopía. Quiso. Para que los males conocidos e intuidos ya no puedan desplegar sus garras seculares. Quiso. Una vez. Cuando el viento y la memoria, tan hermanos en tiempos remotos. Entonces alzó la voz: su brazo glorioso y fuerte. Entonces señaló ciertos molinos: el enemigo acechando en el carrusel del aspa. Quiso. Esa vez. Agazaparse en la inmensidad del silencio. Y en la selva clorofílica. Barbita utópica que predijo el futuro. En el pasado: este parabólico presente. Alma circular y gitana. Conductor del camión perdido. Y una pared de adobe donde descansan las balas del nunca jamás.

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extraído de
Arder en el invierno
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17:55   2 comentarios
29 julio 2009
Hogueras
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Quemados y quemeros viajan juntos por la autopista del milagro irreversible. Van algo arengados. Siempre resueltos. Ogros de la memoria internados en el hospital del sur. Entre las canaletas y el baile de egresados: en el agujero exacto de ese despertar. Quemados y antiquemeros. Cuervo que vuela vuela. Pelotazo en el travesaño y una pierna salvadora en el filo de la línea. Momento de fina estampa. Cada domingo se prende fuego el viento de sus flequillos. Cada domingo. Cada minuto y cada segundo en el segundero tac tac tac. Existe un cuadrante y unos leños secos. Existe un pasado. Una esquina. Existe el mero sentimiento: uno que arde y se aviva y se convierte en llamarada. Quemados por la llamarada. La posibilidad de cambio se consume y nunca llega al otoño. Pero ellos lo ignoran. Vieron el cambio y viajaron raudos por la autopista del no retorno. Ahora amanece. Y más temprano que tarde todo será ceniza.

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extraído de
Arder en el invierno
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01:38   1 comentarios
16 julio 2009
Gérmenes
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Muestra rencor: sentada, esperando. Muestra fatiga. Tiene alma de prisma y los ojos separados entre sí, como si avanzara demasiado rápido sobre el contorno de las cosas. O como si las cosas le hicieran mal de sólo mirarlas. El mal le ensucia el aire, entonces. Hay ceniza bajo el incienso y un brillo extraño en el centro de los girasoles. Que puede ver con sus ojitos vivaces. Ver sin ser vista. Mutilada de golpe y porrazo. Enceguecida humanidad que huye flotando o por qué no volando a la prehistoria del problema. A la zona cero, al origen. Al momento exacto en donde ella, acaso sin saberlo, desvió para siempre el rumbo de su vida. Errado desvío en el pasado pisado. Ahora: sentada, esperando. Ahora. Fatiga y rencor. Imposibilidad. Absolutismo. Pasado pisado emergiendo constantemente sobre el contorno de las cosas. Sus pupilas voraces se contraen. Se expanden. Sufren, diríase. Con todo: con ese fuego y esas reglas y ese encuentro, son bichos corrosivos lo que desprende su aliento. Su papel glacè metalizado. Su honor perdido y la dicha aquella que le entraba en el cuerpo como una espada justiciera. Inocente dragón asesino. Inocente y castigado. Tiene el castigo tatuado en el cuerpo: la tinta oscura le quema el porvenir. Y el porvenir se incendia. Y el porvenir desaparece. Ella es su propio porvenir. Y por lo pronto ella misma se enferma en el pantano.

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extraído de
Arder en el invierno
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17:59   1 comentarios
08 julio 2009
Ayer noche
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Con este calor y ante mi más absoluta sorpresa, me avisaron que Ayer noche -texto que he sufrido lo indecible al escribir- ganó por unanimidad el premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009.
El Jurado estuvo integrado por los escritores Lorenzo Silva (presidente), Almudena Grandes y Fernando Marías; el catedrático Jesús Zapata y la editora de EDAF Esperanza Moreno.
La novela estará en librerías en tiempo récord: septiembre de 2009 (octubre de 2009 en Argentina). Y será presentada en Madrid en el marco del Festival Getafe Negro.
A veces la alegría es un cuervito mirando al horizonte.
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18:20   12 comentarios
01 julio 2009
Fechas
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A B y C, decía el libro en la página 192. Marmota desorientada. A B y C como puntas, como vértices. Como filos. Como eslabones inseparables pero también como ciertos esqueletos. C, sobre todas las cosas. Entonces él con una frazada. Temblando. Pidiendo a gritos que lo dejaran solo. Que nadie vio lo que él sí vio sobre aquellas vías azuladas. Que tendría que haber subido a otro tren. Que el vagón repleto contra ese árbol testigo. Y que ya puede irse el señor enano a pelar bananas. Banana bananero: siempre es ese día en su cabeza. Esa mañana cruel. Ese porqué. El almanaque traidor que pregona y vaticina. Un número, un compás, una estación. Una receta infaltable contra lo que no se puede borrar. Contra lo que aprieta y suena y derroca. Y permanece. Silueta perversa más allá del vidrio esmerilado. Ventana ventanita: no habrá más penas ni olvido. La página 192 volverá y retomará. Su recuerdo. El esqueleto de los meses negros. La sangre regada. Arde la placenta donde A B y C dejan las bombas que diferencian el sueño de la santa vigilia. Por los siglos de los siglos. Y la marmota ya no huele dónde queda la primavera. Ni cuándo vendrá. Ni si quiera si alguna vez vendrá.

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extraído de
Arder en el invierno
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00:16   0 comentarios
17 junio 2009
Espejos
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Y ella sale a buscarlo. Ya se observó se escrutó se admiró se asombró y hasta lloró entre el vapor que nunca terminaba de irse. Se pega, pensó. Cómo refleja, también pensó. Y vio, así, ella: que podía salir a buscarlo. Que con esas muecas y esa gracia y ese sueño. Sería imposible que él se negara. Y ella sale a buscarlo. Mueve su cuerpo como si el viento o la memoria. La arrullaran. Sale en busca de. De. De lo que quiere. Tenerlo, quiere. Tenerlo es todo lo que quiere y desea. Acaso besarlo o tan siquiera abrazarlo. Así va, entonces, por el empedrado, con su cuerpo de sirena o sirenita que marca el límite entre el sol y la sombra. Entre la moneda ingrata y el bombero gaucho. Entre un estornudo y un picor y un final del juego. Así. Sale a buscarlo. Muy segura ya de lo que vio mientras se peinaba. Mientras caía la tarde y el frío de este mes mal ubicado. Muy segura y tan confiada. Ciega, graciosa, huidiza: todo mezclado entre el vapor. Y ahora los adoquines de su calle empedrada enseñan el camino. Sería impensable que nadie se negara. Sería como el sacrilegio ese que pregonan en las casas con cruces. Sería una tumba sellada, la negación. Una zancadilla. Pero ella ya se asombró admiró escrutó observó. Antes. Y lloró. Lloró para sus adentros imaginando que él ya no existe: que todo es un reflejo: y que la verdad suele mezclarse tanto con el vapor.

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extraído de
Arder en el invierno
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13:27   1 comentarios
 





La mala espera
Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009


El desvío
Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2007


El desvío
[ edición Campaña de Fomento de la Lectura ]


En algún cielo
Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006


Flores para Irene
Premio Santa Cruz de Tenerife 2003









Paranoid Park , Gus Van Sant [ficción] (USA y Francia - 2008)

El secreto de sus ojos , Juan José Campanella [ficción] (Argentina - 2009)

Mapa de los sonidos de Tokio (Map of the sounds of Tokyo) , Isabel Coixet [ficción] (España - 2009)

Leonera , Pablo Trapero [ficción] (Argentina, Brasil, Corea del Sur - 2008)




La noche
Los talleres literarios
Uno de doce
Autor del mes
Una de mimbre
Ocho años en la Villa




Central do Brasil
21 grams







JOSÉ ÁNGEL BARRUECO/Currículum
DORIS CAMARENA/La primera vez
ZULMA FRAGA/Enamorada del muro
ELVIO E GANDOLFO/La Sirenita
PABLO GIORDANO/Primer beso
LEONARDO KILLIAN/Cenicienta
MARCELO LUJÁN/Zona de detención
VICENTE MULEIRO/La presencia
ANA MARÍA SHUA/Pájaros
LUISA VALENZUELA/Uno de misterio








"Fangio me había mandado a vigilar a una profesora gorda y tetona cuyo marido inquieto juraba y perjuraba que ella lo estaba engañando con un alumno de gafas. Las infidelidades, en potencia o en acto, repudiadas o consentidas, son moneda corriente en la agencia para la que trabajo"

"yo tu fantasma tu descuido tu indolencia tu lagrimita seca de las tardes en que Juanjo apenas te saludaba y mentía y ocultaba y se rajaba nervioso por aquella puerta"

"se decía que el valle estaba maldito desde los tiempos de la dictadura, cuando el capitán Ustari, recordado por su accionar católico y su sable fácil, metió en las antiguas cuevas de la sierra los cadáveres de medio centenar de obreros que se habían sublevado en los Campos de Raña"







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