(...) "Fangio me había mandado a vigilar a una profesora gorda y tetona cuyo marido inquieto juraba y perjuraba que ella lo estaba engañando con un alumno de gafas. Las infidelidades, en potencia o en acto, repudiadas o consentidas, son moneda corriente en la agencia para la que trabajo. También son moneda corriente en este mundo nuestro tan desmejorado o desvergonzado y poco serio. Aunque sólo podamos ver lo que otros sueltan por casualidad y en el momento menos pensado, lo que se les cae casi de sus bocas, una noticia mal vista en el telediario, un comentario escuchado sin querer, en el metro o en la parada de autobuses o en el supermercado o mientras tomás un café en cualquier cafetería o barra o sala de espera, por la noche pero también por la mañana o durante el día, lo que Fangio me exige siempre que vea o intuya y hasta imagine cuando los ojos no alcanzan a esclarecer nada. Andá, Nene, me dice con sus modales