24 febrero 2009

Tumbas

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Por si acaso, me quedo quieto y abro los ojos: la oscuridad lo es todo. También el frío: un frío como de cartón prensado que no claudica. O el paladar de la desgracia que me hace creer en el cielo nuestro de cada día. Frío en la oscuridad, mandrágora y kerosén. Cartón. Ojos abiertos en medio de todas las malarias. Toco tierra y madera y palpo lo que no existe. Enterrado escondido maniatado. Vivo en un agujero cual soldado covachero protegiendo su fusil. Vivo debajo de una lápida donde apenas se lee mi nombre. Vivo y sobrevivo en lo más profundo de la caverna. Vivo por vos, así. Por tu figura de arcilla y por tus dedos (deditos) de mágica bienvenida. Y me hago el muerto por conveniencia: para que cierre bien cerrado el sarcófago, para que no se me vuele la mortaja, para que no se me mueva la peluca, para que no me detectes cuando sudo la fiebre del recuerdo. Escondido y engrillado y sepultado. Húmeda es la tierra que me une a la oscuridad.

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extraído de
Arder en el invierno
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14 febrero 2009

Sirenas

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Vengo de no sabría donde a pedirte que me sigas. Me sumerjo y te lo ruego. Escribo con mano firme este montón de letras bajo el agua. Vengo y me quedo y entonces te escribo: soy yo: valgo este puñado de palabritas (atornilladas a los renglones) y sin embargo vengo y me planto y te ruego que me sigas. Seguime con tu nado escrupuloso, con tu pataleo que rompe las olas. Seguime y mirame y no te escapes. Seguime aunque más no sea por curiosidad, por intuición y pragmatismo. Y cuando huelas a los tiburones, acurrucate en este rincón de mi historia donde el depredador no se atreve a morder tu cola fluorescente. Tu pelo interminable. Inmóvil. Inmóviles. Brillo y merodeo. Cuesta abajo y terraplén. Quiero confesarte que en ese horizonte está el baúl donde duerme mi tesoro. Para conseguirlo, para reconquistarlo, tenés que pasar la frontera y nadar como un diablo y no detenerte jamás. Moribundo está el rencor. Agonizante la mala hora. Vengo de no sabría dónde a pedirte que me sigas. Te aseguro que en el próximo párrafo, con todas las de ganar, tu parte de abajo perderá para siempre las escamas. Y podrás caminar. Y si caminás caminamos. Y si caminamos el horizonte y el tesoro será cuestión de días.

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extraído de
Arder en el invierno
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05 febrero 2009

Regalos

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De pronto, extiendo la mano y me das la ansiada bola fría. Se trata de una pequeña esfera con ojos boca nariz orejas. Con piernas y brazos. Con resortes que a veces son el motor y otras veces las ganas. Depende: depende del clima y depende de la necesidad. De las necesidades. De las metáforas. Como el hada madrina que me vino a visitar en el peor invierno de mi vida. Aquella vez. Era una angustia (yo). Era un sinrazón (yo). Era la piedra encima de la cabeza. Día y noche día y noche. Qué maltrato: su peso me hundía bajo el cielo de una ciudad algo extraña. Entonces apareció con sus alitas frágiles y tan alocadas. Apareció y nunca más se fue. Me tomó de la mano y nunca más nadie. Y yo nunca más. Y ella nunca más. Aquella vez. Su voz me interrumpió mientras tomaba chocolate con churros. Y yo nunca más. Ahora extiendo la mano y siento cómo ese objeto reluciente arma su propia voluntad. Viene a enseñarme el sentido que deben seguir mis pasos. Viene a pilotar en la tormenta. Viene a darme la corazonada y el reencuentro. Lleva en sí misma la energía de tantas noches, del naranja y verde pintado en su camiseta. La ciudad extraña es el centro de un país. Del país donde nació mi hada madrina: guardiana de mis ojos que también son sus ojos. Ojos boca nariz orejas. Piernas, brazos. Y alitas alocadas que me salvan de todas las balas.

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extraído de
Arder en el invierno
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