27 enero 2007

El desvío

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Me avisaron que El desvío ganó el XLIX Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián, en la categoría cuento en castellano.
Antes que nada me gustaría decir que se trata del reconocimiento más importante que ha conseguido un cuento (mío, se entiende) de modo individual, y que cuando me lo comuni-caron quedé un poco aturdido.
Los Premios Literarios Kutxa se vienen entregando ininterrum-pidamente desde 1958, y reparten 42.000 euros en sus cuatro categorías. Además, son muy destacables tanto el trofeo (la famosa carabela de plata que aparece en la foto) como la publicación, que es independiente para cada uno de los cuatro premiados (en este enlace pueden verse las ediciones anteriores, y en este otro el último ganador de la categoría).
El desvío, cuento largo cuya estructura se asemeja a la nouvelle, es un texto de género fantástico, jardines en los que jamás me había metido hasta que llegó el verano y sus noches sin mosquitos me quitaron la venda.
Ricardo Aldarondo, de El Diario Vasco, escribió la noticia de este modo. El País, de este otro.
la noticia en euskera: Gara - Berria

24 enero 2007

Punto com

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Ya está activo el dominio web marcelolujan.com
La iniciativa parte de la Agencia Literaria Claudia Bernaldo de Quirós y se prevé que la página estará completamente terminada para la segunda quicena de abril.

21 enero 2007

La mirada ajena

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Hoy, domingo 21, el portal español Premios Literarios ha colocado el cuento The queenless en su habitual columna de textos premiados.
Se agradece, por supuesto, la inclusión. También las formas. También las imágenes que pueden verse en esta edición, algo así como nuevas acepciones, de nuevos lectores, siempre bienvenidos, claro.

17 enero 2007

Los meses negros

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La noticia es muy mala pero tengo la necesidad de confesarla: hace cinco meses que no escribo una letra. Nada: ni siquiera un párrafo de puntuación escabrosa o una mísera oración de esas que según las terminamos nos quedamos observándola como subnormales sin poder avanzar ni retroceder ni terminarnos el café recalentado que tanto nos espanta el apetito. Nada de nada. No paso de alguna que otra corrección obligatoria o de los apurados post que increíblemente subo a ECDF.
Entre julio y agosto terminé un cuento de cinco folios en donde una familia de dudoso futuro enseñaba penas de playa en aquel inolvidable verano de 1982. Antes de eso me había estado debatiendo con un cuento largo que supuse de suspenso o terror y que acabé dividiendo en diez o doce mini capítulos, algunos de ellos de escasa calidad audiovisual.
Algo grave ha ocurrido: la gente en la que creemos y hasta confiamos nos sigue traicionando. No hay escarmiento: hay una genética individualista basada en el espanto. Cada uno a su jardín. La palabra dada, el compromiso verbal, carece casi de valor y el horizonte es otro horizonte aunque nosotros hayamos visto algo más o menos naranja y verde.
No sabemos hasta cuándo durará este caos. Por lo pronto, llevo cinco interminables meses sin escribir una letra. Demasiadas veces me despierto sobresaltado y busco en la oscuridad las cosas que he perdido sin querer: los amigos de la adolescencia, los carnavales, unos ojos claros. Es una sensación extraña y bastante difícil de digerir: como cuando caminaba por Venecia, esa tarde de marzo, y todo el tiempo temía que se me cayera cualquier cosa al suelo, es decir al agua, es decir para siempre.